Sabemos, así mismo, que algunos de estos mensajes e interrogantespueden ser graves, y que otros son, simplemente, parte deldescubrimiento infantil de su sexualidad, una sexualidadmultidimensional que abarca cuerpos sexuados, deseos, emociones,actitudes, etc. Si aceptamos que la sexualidad es algo que somos y que nos constituye como seres humanos y seres sexuados, entonces, nosresultará sencillo sostener que educar la sexualidad es una condiciónfundamental y básica para el desarrollo biopsicosocial de una niña oun niño. Al hilo de lo anterior, el hogar y la escuela se convierten,inevitablemente, en testigos voluntarios o involuntarios deldesarrollo de éstas y otras múltiples situaciones relacionadas con lasexualidad en todas las edades de las niñas y niños. La realidad nosmuestra que los adultos, consciente o inconscientemente, voluntaria oinvoluntariamente, evidenciamos y hablamos de sexualidad en cadagesto, en cada palabra, en cada actitud ante las cuestiones sexualessurgidas. Nos convertimos, por tanto, en referentes y en objeto delaprendizaje por modelado. Los docentes, los padres, los amigos, losmedios de comunicación, la sociedad toda, quieran o no, positiva onegativamente, educan sexualmente.