«Constance Kopp, la enérgica heroína de Una chica con pistola, estáhecha de la misma pasta que los grandes personajes de las novelaspoliciacas. Una mujer formidable, tan capaz de empuñar sin miramientos el revólver para atrapar a un criminal, como de soltar un exaltadoalegato en favor de la condición de las mujeres».
Washington Post
Cuando Amy Stewart se topó con un artículo de 1914 que contaba cómo el coche del propietario de una fábrica había embestido la calesa en laque viajaban las hermanas Constance, Norma y Fleurette Kopp, y lamanera en que la disputa por los daños causados había derivado en unaescalada de amenazas y disparos, que terminaría con Constanceconvertida en ayudante del sheriff, este captó de inmediato suinterés.
La absoluta falta de información sobre sus protagonistas se convirtióen un incentivo más para que la autora, tras bucear en un intrincadouniverso de certificados de nacimiento, testamentos y escrituras,percibiera enseguida que las lagunas de esa fascinante historia pedían a gritos escribir una novela. Y así lo hizo.