La Habana, 2016. Un acontecimiento histórico sacude Cuba: la visita de Barak Obama en lo que se ha llamado el «Deshielo cubano» la primeravisita oficial de un presidente estadounidense desde 1928, acompañadade eventos como un concierto de los Rolling Stones y un desfile deChanel, ponen patas arriba el ritmo de la isla. Por eso, cuando unexdirigente del Gobierno cubano aparece asesinado en su apartamento,la policía, desbordada por la visita presidencial, recurre a MarioConde para que eche una mano en la investigación. Conde descubrirá que el muerto tenía muchos enemigos, pues en el pasado había ejercido decensor para que los artistas no se desviaran de las consignas de laRevolución, y que había sido un hombre déspota y cruel que habíaacabado con la carrera de muchos artistas que no habían queridoplegarse a sus extorsiones. Cuando unos días después se encuentra unsegundo cadáver asesinado con el mismo método, Conde deberá descubrirsi las dos muertes están relacionadas y qué hay detrás de estosasesinatos.A esa trama, se suma una historia que escribe el protagonista, situada un siglo antes, cuando La Habana era la Niza del Caribe y se vivíapensando en el cambio inminente que produciría el cometa Halley. Uncaso de asesinato de dos mujeres en La Habana Vieja destapa la luchaabierta entre un hombre poderoso, Alberto Yarini, refinado y de buenafamilia, capo de los negocios de juego y de prostitución, y su rivalLotot, francés, que le disputa la preeminencia. El desarrollo de esoshechos históricos tendrá conexión con la historia del presente de unmodo que ni el propio Mario Conde sospecha.Sobre Como polvo en el viento:«Una obra maestra.» José M. Pozuelo Yvancos, Abc Cultural«Leonardo Padura dibuja con mano maestra la diáspora cubana.» RicardoBaixeras, El Periódico«La gran novela sobre el exilio cubano.» Mauricio Vicent, El País«Una novela llena de momentos inolvidables que alcanza cotassorprendentes de emoción y adicción.» Felip Vivanco, La Vanguardia«Su novela más femenina un deslumbrante mural sobre el exilio cubanomajestuosa.» Miguel Dalmau, Cultura/s de La Vanguardia