BOLAÑO,ROBERTO / BOLAÑO, ROBERTO
Decía Hemingway que un buen relato debe ser como un iceberg, lo que se ve es siempre menos que lo que queda oculto bajo el agua, y otorgaintensidad, misterio, fuerza y significación a lo que flota en lasuperficie. Los cuentos de este libro cumplen con tal premisa, perotambién se sustentan en una afirmación que hace el autor en uno deellos: la cultura es la realidad. Y así es, al menos en su territorioliterario: relatos abiertos, nada previsibles, donde lo que está másallá de la historia que se cuenta -siempre apasionante-, el enigma que hay que desvelar, subyace a lo escrito, donde en cada uno de elloshay una figura inscrita en la trama del tapiz que hay que descubrir,una figura en la que realidad y ficción se imitan la una a la otra.Sensini, un viejo escritor sudamericano exiliado -y aquí aparecen lassombras de Onetti y de Moyano, entre otros-, enseña a otro escritormás joven, también expatriado, la picaresca de los premios literariosde provincias. Joanna Silvestri, antigua diva del cine porno, noshabla de su relación con Jack, uno de sus partenaires, y no podemossino recordar a un célebre actor de este circuito, muerto de sida tras una vida bastante enigmática. Henry SimonLeprince, o la peripecia, en tiempos convulsos, de un escritor sin talento pero poseído por laliteratura. William Burns, un americano tranquilo de California delsur, se ve envuelto en una historia de relaciones triangulares,asesinatos equivocados. Relatos que remiten a otros relatos, a otrosescritores, a otras historias, a películas, la obra de un fabuladorque, como afirmó un crítico, «mantiene un constante diálogo con latradición literaria más inteligente, culta y refinada», pero tambiénutiliza con humor y sabiduría los géneros populares.