«El perro, muy señor mío, íes inmortal! Hermes ignora el final, igualque el bosque no sabe nada de la serrería», reflexiona el dueño deHermes, un setter inglés, con otro anciano en el parque. Ajeno también al drama de su amo, Bendicò, el moloso de Don Fabrizio, trotaalegremente por las páginas de El Gatopardo. A pesar de llevar añosjunto a sus nuevos amos occidentales, los antiguos perros guardianesdel Muro de Berlín siguen recorriendo su antigua ronda cuando regresan adonde un día se levantó la muralla. Boatswain, el perro de LordByron, desconoce la noción de posteridad, pese a haber pasado a ella y César, un precioso caniche real, nunca pudo sospechar su inminenteabandono. Perros de todas las razas, épocas y condiciones se paseanpor las páginas de esta gran aventura canina.