Sí, era él, el mequetrefe que merecía morir, se dijo mirando unafotografía reciente de Vogler que sostenía en su mano izquierda. Ahíestaba, indefenso y engominado, apoyado en su bastoncito, caminandocon la barbilla levantada en plan altanero, entrando en su portal sinpercatarse de nada, sin saber que le rondaba la muerte, que a pocosmetros de distancia alguien deseaba estrangularlo sin ningúnremordimiento.
Sí, era él, el mequetrefe que merecía morir, se dijo mirando unafotografía reciente de Vogler que sostenía en su mano izquierda. Ahíestaba, indefenso y engominado, apoyado en su bastoncito, caminandocon la barbilla levantada en plan altanero, entrando en su portal sinpercatarse de nada, sin saber que le rondaba la muerte, que a pocosmetros de distancia alguien deseaba estrangularlo sin ningúnremordimiento.