Sólo vemos una vez a don Quijote leer libros de caballería y es cuando hojea el falso Quijote de Avellaneda, donde se cuentan las aventurasque él nunca ha vivido: precisamente en el momento en que la novelapone en escena su capacidad de absorber el mundo para ficcionalizarlotodo. Tenemos las fotos en que Borges intenta descifrar las letras deun libro que sostiene casi pegado a su cara, la de Joyce, un ojotapado con un parche, leyendo con una lupa de gran aumento. Y hay unainstantánea en la que el Che Guevara, trepado a una rama en plenaselva boliviana, se concentra en la lectura, y tenemos también aHamlet apareciendo por primera vez en escena con un libro en la mano.Y a Anna Karenina, a Madame Bovary, a esos lectores tan locos,geniales e inadecuados como Hamlet y Alonso Quijano que son Bouvard yPécuchet. ¿Qué significan estas escenas de lectura, escenassecundarias y casi irrelevantes para las tramas novelescas, pero enlas que asoma su sistema secreto? Piglia vuelve a mostrar que es unode los grandes maestros en la construcción de itinerarios insólitospara leer la literatura contemporánea, en un libro extraordinario que, en palabras del autor, es «el más personal y el más íntimo de todoslos que he escrito».