Como no temo a la crítica ni me horroriza la autocrítica, tampocotengo motivo alguno para evitar una semejanza que acaso perjudique anuestra teoría de la libido en el juicio de muchos lectores. Losrayos de Dios", de Schreber, compuestos por la condensación de rayossolares, haces nerviosos y espermatozoides, no son sino lasinvestiduras libidinales figuradas como cosas y proyectadas haciaafuera, y prestan a su delirio una llamativa coincidencia con nuestrateoría. (à) Sin embargo, puedo aducir el testimonio de un amigo ycolega en el sentido de que yo he desarrollado la teoría de laparanoia antes de enterarme del contenido del libro de Schreber."