«Hoy día uno no necesita ser asquerosamente rico para proyectarse nosólo como diseñador sino como diseñado, sea el producto en cuestión la casa de uno o su negocio, sus mejillas caídas (cirugía estética) o su personalidad retraída (drogas de diseño), su memoria histórica(museos de diseño) o su futuro ADN (niños de diseño). ¿Podría ser este «sujeto diseñado» el resultado no deseado del tan cacareado «sujetoconstruido» de la cultura posmoderna? Una cosa parece clara: en elpreciso momento en que se pensaba que el lazo consumista no podíaestrecharse más en su lógica narcisista, lo hizo: el diseño escómplice de un circuito casi perfecto de producción y consumo, sinmucho ?margen de maniobra? para nada más.» Del marketing cultural alas relaciones históricas entre el arte contemporáneo y el museomoderno, pasando por la arquitectura espectáculo, el auge de lasciudades globales o las vicisitudes conceptuales de la historia delarte y los estudios visuales, «Diseño y delito» ofrece, con su estilopolémico, una serie de reflexiones que permitan iluminar lascondiciones de la cultura crítica en nuestros días.