El 17 de mayo de 2016, un terremoto de intensidad 12 en la escala deRichter partió nuestro sufrido planeta en dos mitades. Lo ejecutó enun solo acto, sin prólogo, sin réplicas ni contrarréplicas. Tras elenorme seísmo, la Tierra, se asemejaba a una manzana después derecibir el impacto de un hachazo: dos mitades unidas por una pequeñaporción de jugosa fruta y resbaladiza piel. Así quedó nuestraestrella, partida en dos partes unidas por una estrecha porción detierra de no más de cien kilómetros de ancho por otro tanto de grosor. La imagen que teníamos de ella ya solo anida en nuestro cerebro,compartiendo espacio con un Caballo de Viento enviado al SupremoHacedor para que reconsidere su enojo y vuelva a dejar las cosas comoestaban.