Estrella lloraba sin parar, no lograba articular palabra. Intentabacontar cómo, de pronto, había sido asaltada violentamente por lostristes y dolorosos recuerdos de su infancia, que habían sobrevenidoinesperadamente y despertado una tormenta en su alma. Treinta añoshacía ya que Estrella sufrió su primer abuso sexual por parte de unfamiliar, cuando tenía precisamente cinco añitos, los mismos que ahora cumplía su sobrina, la fiesta de cumpleaños de su adorada sobrina lehizo revivir en segundos aquella tarde fatídica en que fuera hechapedazos su inocencia. Estrella, y Julia, y otros muchos estánpresentes a lo largo de este libro. Las heridas están curadas, perolas cicatrices siguen supurando.Hay mucha y excelente literatura en cuanto a las consecuenciaspsicológicas que provoca el abuso y los caminos de terapia yreparación. Pero esos textos no están muchas veces al alcance delpúblico general, están pensados para psicólogos, jueces, abogados,forenses, psiquiatras... pero no para el panadero, el albañil, lapescadera o la peluquera, o el catequista. Este libro pretendetransmitir un conocimiento y unas herramientas que sean asequibles atodos. Si algo puede ayudar a alguien a comprender su drama y suconmovedora lucha a lo largo de toda su vida, ya merece la pena. Ojalá contribuya a ese anhelo que tenemos como Iglesia de pasar de lacultura del abuso y del encubrimiento a la del cuidado y laprotección. "La envergadura del drama de los abusos sexuales estáreclamando una mirada humanizada. Echaba yo en falta voces deesperanza para las diferentes personas implicadas. Luis Alfonso nosmuestra que hay esperanza", señala, en el prólogo, José CarlosBermejo.