ôBailar pegados es bailar, sí. Y los delfines, y corazón con corazón y qué bonito todo. Qué fácil, qué dirigido, qué poco hay quepensar. Otra cosa es cuando alguien se pone unos zapatos declaquéhartos de pisotones sociales y rozaduras de conciencia, y lessacabrillo, sale a la pista, y deja de bailar atao a la ideología parahacerlo agarrao al sentido común.Ese es el tipo de baile que LeRaúl te propone con este libro. Un baile directo al callo que sufrimos todos con el despiporre oficialque está pisoteando nuestra capacidad de aguante. Son viñetasacampadas en La Puerta del Sol de la conciencia individual, sinrebaños.Nos lo quiten o no, merece la pena este baile.ö