VITUPERIO DE ORBANEJAS

VITUPERIO DE ORBANEJAS

$37.843
IVA incluido
Sujeto Disponibilidad de Proveedor
Editorial:
HERDER
Año de edición:
ISBN:
978-968-5807-25-8
Páginas:
216
Encuadernación:
Rústica
Idioma:
Castellano
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Vituperio de orbanejas es un comentario filosófico de un texto de ElQuijote que reza como sigue: «Ahora digo -dijo Don Quijote- que no hasido sabio el autor de mi historia, sino algún ignorante hablador, que a tiento y sin discurso se puso a escribirla, salga lo que saliere,como hacía Orbaneja, el pintor de Úbeda, al cual preguntándole quépintaba, respondió: "Lo que saliere". Tal vez pintaba un gallo, de tal suerte y tan mal parecido, que era menester que con letras góticasescribiese junto a él: "Este es gallo". Y así debe de ser mi historia, que tendrá necesidad de comento para entenderla» (Don Quijote de laMancha, II, 3). Los orbanejas son los supuestos artistascontemporáneos que dejan absolutamente todo el proceso artístico a lainterpretación del público: dado que son incapaces de pintar un gallo, es necesario que el "comento", la interpretación y la teoría vengan a llenar un hueco que los artistas fueron incapaces de cubrir. Suelendefender la necesidad de acercar el arte a la vida (lo que para ellossignifica confundir el arte y la cotidianidad), de tal manera que ensu arte cabe absolutamente todo, independientemente de suspropiedades: todo es obra de arte. Y cuando se les critica algo,acuden a sus intenciones y a su deseo de sinceridad para consigomismos para justificar sus desaguisados. Pero los orbanejas, en elfondo, pretenden establecer también una nueva frontera para el arte:lo suyo lo es, lo de los demás, habrá que verlo. Una vez que se accede al territorio selecto del arte se quiere permanecer en él decualquier manera. Y ahí es donde llega la ayuda de la interpretaciónque, si bien es constitutiva del fenómeno artístico, en manos de losorbanejas alcanza cotas de hiperteorización abusivas, en las cuales se olvida por completo el elemento formal de la obra de arte y se reduce ésta a un mero vehículo de comunicación de ideas éticas, políticas ometafísicas preferiblemente (y supuestamente) transgresoras, donde loestético no tiene lugar (precisamente porque se lo teme). Losorbanejas justifican su arte siempre contra algo, como si la única ynecesaria función del arte fuese la protesta, y casi siempre tienen la vista fija en el mercado de arte, la nueva sala de consagración no ya para la eternidad, sino para los próximos meses. En ocasiones, losorbanejas son difíciles de identificar, porque da la impresión de quemanejan símbolos, piezas, que nos son desconocidos al común de losmortales, como hace el individuo aquel de la habitación china deSearle, que parece que entiende el chino, pero que en realidad no hace más que manejar símbolos chinos que no comprende siguiendoinstrucciones en su propia lengua que sí comprende. Y en realidad surespuesta (léase la obra del orbaneja) es absolutamente incomprensible para él mismo. Ahora bien, siempre hay un chino que puede pensar queel que está dentro de la habitación sabe perfectamente lo que hace (es decir, que habla perfectamente el mandarín). El chino sería elcrítico de la obra del orbaneja. Evidentemente, el error está enpensar que la sintaxis es suficiente para la semántica. Los orbanejasimponen sus leyes y sus teorías (o mejor, las de otros) sobre lascosas que llaman arte, de modo que no hace falta mirar las obras niasistir a las representaciones de los orbanejas: basta con leer lo que los críticos y los teóricos dicen sobre ellos, lo cual los alejadefinitivamente del territorio de la estética (pues en su origen eltérmino dice relación a la experiencia sensible). En la historia delarte la conexión de éste con la belleza ha sido lo suficientementesólida como para que no consideremos un dogma eterno la defensa de ladesligación de arte y belleza que propugnan los orbanejas. Pero,¿puede hablarse de la belleza, y más de la belleza en el arte, a estas alturas del estropicio? Por supuesto, y sin duda, en ese movimientopendular que es la historia, ha de volver a entrar con fuerza en elterritorio del arte. Precisamente por eso se trata de vituperar a losorbanejas, para recuperar lo que nos robaron, o mejor, para traspasarlas barreras de imposibilidades ficticias e hiperteorizadas que hanconstruido y defendido con uñas y dientes. Hay un anhelo humano debelleza que sólo el arte puede colmar, porque es el territorio de laacción humana propio de la belleza, y la belleza es importante yquizá, como decía Platón, porque es difícil, es por lo que losorbanejas tiran por los senderos más trillados y más seguros, aunquemenos humanos, de la banalidad. Si Vituperio de orbanejas puedearrojar un poco de luz sobre todo este mundo, habrá cumplido concreces su función

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