RIOS, JUAN / RÍOS CARRATALÁ, JUAN ANTONIO
Una dictadura de cuarenta años no podía prescindir de la felicidad desus protagonistas, ni siquiera de parte de sus potencialesantagonistas. La obviedad se olvida a menudo y algunos historiadoresde la ficción tienden a subrayar la negrura de la época hasta locaricaturesco. Ajustan así las cuentas con un pasado que rechazan.Mientras tanto, otros colegas, habitualmente más jóvenes y contendencia al revisionismo para singularizar sus análisis, observan enla misma realidad brotes verdes, gracias a un optimismo digno de mejor causa. El equilibrio entre ambas posturas tal vez pase por aceptar la existencia de una felicidad acomodada al franquismo y basada en unjuego de máscaras, donde casi todos los españoles participaron condiferentes grados de responsabilidad. El motivo parece simple: habíaque ser felices y esta aspiración universal no podía ser negada a lamayoría durante cuarenta años. La solución era incluir dicho juegohasta en las cartillas de racionamiento con su lógica cuartelera y,posteriormente, en las imágenes del desarrollismo como panacea. Esafelicidad es cuestionable por insustancial o inmotivada, pero lailusión forma parte de la materia histórica y sus manifestacionesfuncionaron durante un tiempo de silencio que también se caracterizópor las carencias en todos los ámbitos. A falta de un rostropresentable y satisfecho, las máscaras de la ficción al servicio de la felicidad nos permitieron situarnos frente a un espejo sin temor aldesánimo.