AA.VV
Hace muchos siglos el pueblo judío vivía rodeado de otros pueblos ytemía que, por su influencia, se perdieran su fe y sus tradiciones. En una ocasión un rey prohibió el culto en el templo y ellos seencerraron en él para resistir. Dios hizo un gran milagro y, aunque no tenían aceite, las velas alumbraron durante todo el tiempo que duróla resistencia, y vencieron.
Los cristianos también queremos defender nuestra fe y nuestrascostumbres de la influencia de otras culturas, de culturas donde Diosno existe y la Navidad se convierte en vacaciones de invierno, en días de regalo y diversión.
Pero no temamos. Dios no lo va a permitir. La Navidad es la fiesta delas luces. Iluminemos las calles, las casas, los árboles, pero sobretodo, iluminemos nuestros corazones.
La oración en familia es el aceite que hace que nuestras velas no seapaguen, que nuestra Navidad siga siendo la fiesta del gran milagro,del nacimiento de Jesús, de la venida del Hijo de Dios al mundo. CadaNavidad recordamos que no estamos solos, que Dios habita entrenosotros, que Jesús es la luz del mundo. Una luz que nada ni nadielogrará apagar.