AA.VV
Hoy se parte de lo humano, de las realidades cotidianas de las mujeres y hombres de nuestro tiempo para interrogarnos sobre el sentido de la vida, sobre la posible existencia de una presencia trascendente en la médula de la condición humana. No dejamos lo humano para ir aCristo.Hay personas que dicen, como disculpándose: «Yo no creo enDios, pero creo en el hombre». Pero resulta que ambos soninseparables. ¿Acaso no es el hombre la revelación de Dios? Así pues,la aventura humana, que conduce a tomar conciencia y descubrir a Dios, parte en mayor medida de las realidades de todos los días. Todospodemos acceder a la belleza del Evangelio.