De repente, el mito de la ciudad prohibida, llena de monumentosdorados y símbolo de un continente desconocido descrita por losviajeros europeos se desvanece ante los ojos de Caillié: «Llegamosfelizmente a Tombuctú cuando el sol alcanzaba el horizonte. Veía, porfin, la capital de Sudán que, después de tanto tiempo, era el fin detodos mis deseos. (...) Abandonado mi entusiasmo inicial, me di cuenta de que el espectáculo que tenía ante mis ojos no se correspondía conlo que yo esperaba.»Caillié permaneció en Tombuctú desde el 21 de abril hasta el 4 de mayo de 1828 bajo la protección de Sidi-Abdallahi.El relato de sus viajes, inédito en España, convirtió a René Cailliéen un personaje reconocido en su país y en héroe local.