No sé a vosotros, pero a mí, desde que soy lo suficientemente mayorpara haberme dado cuenta de que hay personas que duermen en
la calle, se me hace raro. Aquí hay algo que falla, ¿no? Con todasesas
oficinas que hay en la ciudad, iluminadas como platós de cine y quepor la noche se quedan vacías. Con todas esas casas de campo que, diez meses al año, no albergan más que a un puñado de ratones y unascuantas arañas...
Si pienso en eso, se me hace raro. Si pienso en eso, es porquenosotros también tenemos una, una de esas casas. Se llama La Tejería.