Adam Zagajewski es un poeta de la claridad. En sus versos asomaninviernos infinitos, sabor de hojas, arboledas y sonidos, casas comoun bolsillo en un abrigo, violonchelos, aeropuertos, los vivos y losmuertos, un anhelo, la memoria y, a veces, el tiempo circular.Zagajewski es asimismo un poeta visual, de palabras que soncelebración del mundo y sus imágenes. Es el canto de un instante quese expande, que involucra, y en el que converge la realidad toda,epifánica y plural, siempre presente. Poeta exiliado, la suya no es,sin embargo, una poesía del exilio. Se le considera una de las figuras más relevantes y con más repercusión internacional de la nuevageneración de poetas polacos y, con el libro que hoy presentamos,Acantilado empieza la publicación de su obra poética.
Adam Zagajewski es un poeta de la claridad. En sus versos asomaninviernos infinitos, sabor de hojas, arboledas y sonidos, casas comoun bolsillo en un abrigo, violonchelos, aeropuertos, los vivos y losmuertos, un anhelo, la memoria y, a veces, el tiempo circular.Zagajewski es asimismo un poeta visual, de palabras que soncelebración del mundo y sus imágenes. Es el canto de un instante quese expande, que involucra, y en el que converge la realidad toda,epifánica y plural, siempre presente. Poeta exiliado, la suya no es,sin embargo, una poesía del exilio. Se le considera una de las figuras más relevantes y con más repercusión internacional de la nuevageneración de poetas polacos y, con el libro que hoy presentamos,Acantilado empieza la publicación de su obra poética.