Hay poetas que acarician y poetas que golpean, y Piquero es de lossegundos. Le gusta hacer sangre, volver del revés nuestrasconfortables expectativas. Quienes prefieren la maldad inteligente ala bondadosa bobería no deben dejar de leer a este poeta de lahiriente lucidez, al que le bastan un puñado de poemas -ni él ninosotros soportaríamos más- para hacerse un sitio de excepción en lapoesía contemporánea.