Enfrentados al desconcierto propio de nuestra sociedad líquida, muchos jóvenes sienten la tentación de quedarse al margen, de no participaren la sociedad. Algunos de ellos se refugian en un mundo de juegos online y de relaciones virtuales, de anorexia, depresión, alcohol eincluso de drogas duras, pretendiendo con ello protegerse de unentorno que cada vez más se percibe como hostil y peligroso. Otrosadoptan conductas violentas, uniéndose a bandas callejeras y alpillaje protagonizado por quienes, excluidos de los templos delconsumo, desean participar en sus rituales. Una situación que seproduce bajo la mirada ciega e indiferente de nuestros políticos, yante la que es preciso reaccionar.