Sobre el granizo y los truenos constituye un testimonio directo yvivaz de una superstición que a inicios del siglo IX se hallaba aúnpresente en el Occidente latino: la existencia de los «tempestarios»,individuos capaces de desencadenar tormentas. Desde la remota regiónde Magonia, navegando sobre las nubes, arribaban barcos cuyostripulantes recogían los frutos derribados por el granizo y, en pago,entregaban a los tempestarios preciosos regalos. Agobardo, de espíritu tan religioso como extraordinariamente racional, pretende con esteopúsculo desmontar la creencia popular de sus feligreses, apoyándosetanto en la autoridad de las Sagradas Escrituras como en un inusitadorazonamiento lógico. Olvidado durante toda la Edad Media y redescubierto en 1605, lapopularidad de este texto ,que se ofrece aquí en su primera traducción al español, no ha cesado de incrementarse desde entonces e, inclusohoy, es citado a menudo por quienes defienden los tempranos contactosdel hombre con visitantes de otros mundos.