Del español coloquial nos servimos todos continuamente, aunque no deun mismo y único modo. El lingüista conseguirá liberarse de ladeformación jerárquica que lleva a considerarlo como una modalidad deuso deficitaria o "pobre" cuando, además de aceptar que nadie puedeescribir como habla o que no se debe hablar "como un libro", deje delimitarse a oponer y enfrentar la actividad de hablar (y oír-escuchar) a la de escribir (y leer). Desentrañar las claves de lo que logramos decir y hacer, de laverdadera eficiencia de los intercambios orales (desde la merainformación práctica o la simple socialización en la conversaciónfamiliar espontánea hasta su plena integración en ciertos diálogosliterarios), requiere conocer a fondo la técnica constructivadominante que en ellos se pone en práctica.