El yo es fuente inevitable de sufrimiento porque, en su afán deautoafirmarse, identificándose con la mente, nos aleja de la realidady de la vida. Consciente del destino adonde el yo conduce, delsufrimiento que genera y de la ignorancia y mentira en que nosenvuelve, es fácil reconocer la necesidad y la importancia deliberarnos de él. Y dado que el yo únicamente vive y es alimentado por el pensar, debemos ejercitarnos en la tarea de silenciar la mente yaprender a vivir en el no-pensamiento. Porque hablar de espiritualidad es hablar de la dimensión de profundidad. Implica reconocer que todala realidad se encuentra impregnada de una dimensión de Misterio. Eneste sentido, la espiritualidad es abierta, flexible, pluralista,dialogante, universal... no conoce el juicio y la condenación. Noscoloca en el camino de la experiencia. Es coherente con nuestracondición humana, respetuosa con los otros y humilde ante el Misterioinefable. Pero la espiritualidad no solo nos coloca en la actitudadecuada a todo el conjunto de lo Real, sino que puede hacerlo porque nos capacita para acceder a nuestra identidad más verdadera, que noes ese yo sino la Presencia que lo percibe. Y desde la Presencia todose ve y se vive de un modo nuevo. El olvido de esta dimensión deprofundidad puede hacer estéril nuestro esfuerzo por alcanzar unavaloración y estima de nuestra existencia. Podemos vivir una sanaautoestima cuando nos habituamos a conectar con ese Silencio que esPresencia y aprendemos a permanecer descansadamente en El. EnriqueMontalt Alcayde (Vinalesa-Valencia 1948). Sacerdote. Teólogo. Másteren Psicopatología y Salud (UNED) y en Counselling (Centro Humanización de Salud de los Padres Camilos en Tres Cantos-Madrid). Actualmente es párroco de Jesús Maestro de Valencia. Intenta armonizar en su vida yen sus relaciones humanas la Psicología y la Espiritualidad. En estamisma editorial ha publicado El Consejero pastoral, manual de relación de ayuda.