LECU, ANNE, CANDIARD, ADRIEN Y PONSOT, H
Las personas que tienen por costumbre dedicar unos minutos de su día a la oración, saben lo difícil que resulta, la mayoría de las veces,posponer los problemas de la vida para centrarse en Dios. Quizás nohay que posponerlos ni olvidarlos sino ponerlos ante Dios para verloscon su mirada. Eso es lo que pretende este libro que nos ofrece unaselección de textos del Antiguo y Nuevo Testamento con sus comentarios pegados a la vida cotidiana, con sus alegrías y sus penas. En suspáginas observaremos cómo se hablan Dios y el hombre y cómo se revelan a través de la imagen. La variedad de ambientes y situaciones en quenos movemos se traducen en el libro en estos ocho grandes capítulos:En torno a las piedras, A los pies de las plantas, Con los animales,En torno a la familia, Sobre la sociedad, El cuerpo, Gracias al cielo, Los gestos cotidianos. Los textos son una invitación a ver más alláde las palabras que los componen porque la revelación cristianasiempre está al lado de la persona y de sus entornos. Solo hace faltaabrir los ojos para ver y el corazón para amar y adorar.
Las personas que tienen por costumbre dedicar unos minutos de su día a la oración, saben lo difícil que resulta, la mayoría de las veces,posponer los problemas de la vida para centrarse en Dios. Quizás nohay que posponerlos ni olvidarlos sino ponerlos ante Dios para verloscon su mirada. Eso es lo que pretende este libro que nos ofrece unaselección de textos del Antiguo y Nuevo Testamento con sus comentarios pegados a la vida cotidiana, con sus alegrías y sus penas. En suspáginas observaremos cómo se hablan Dios y el hombre y cómo se revelan a través de la imagen. La variedad de ambientes y situaciones en quenos movemos se traducen en el libro en estos ocho grandes capítulos:En torno a las piedras, A los pies de las plantas, Con los animales,En torno a la familia, Sobre la sociedad, El cuerpo, Gracias al cielo, Los gestos cotidianos. Los textos son una invitación a ver más alláde las palabras que los componen porque la revelación cristianasiempre está al lado de la persona y de sus entornos. Solo hace faltaabrir los ojos para ver y el corazón para amar y adorar.