No se trata de un virus, ni de un arma química, no existe unaexplicación racional. En todo el mundo los muertos se han alzado paraatacar a los seres humanos y la ciencia no encuentra un culpable alque señalar.En medio de ese clima de pánico, demencia y fanatismoen el que las autoridades se las apañan a duras penas para mantener el orden, el líder de una secta ve la oportunidad de actuar contotal impunidad. Un agente de policía obsesionado y su renuentecompañero son su único obstáculo.A una vetusta base militarhabilitada como campo de refugiados, llega la noticia de que la costaha empezado a vomitar muertos vivientes, una hordaaparentemente interminable de cadáveres que avanzan arrasándolo todo a su paso.El capitán Vera, un veterano militar acosado por susproblemas familiares, recibe la orden de resistir a toda costa. No esprobable que envíen refuerzos.Un sacerdote sin fe, unaventurero alcoholizado, policías, un grupo de convictos o incluso una ultravioleta banda de atracadores del este Todos ellosdeberán dejar de lado sus diferencias y trabajar juntos si quierensobrevivir a las próximas cuarenta y ocho horas.