Una economía nueva para el mundo nuevo del siglo XXI es posible.eshora de demostrar que no es un instrumento creador de desigualdad alservicio de los poderosos.
No cabe duda de que el terremoto financiero de 2008 dibujó un nuevoescenario al que el sistema capitalista debía adaptarse parasobrevivir. Sin embargo, la economía más ortodoxa, la que aún hoyimpera, ha demostrado una capacidad de adaptación insuficiente alnuevo contexto. Urgen cambios y algunos especialistas ya estándesarrollando otra economía más asentada en la realidad. Esas nuevasideas son necesarias para afrontar los nuevos desafíos que se nosplantean.
«Las debilidades, inconsistencias e incapacidades del paradigmadominante para explicar el funcionamiento de la economía de laglobalización financiera han quedado al descubierto con la crisis».