Antes que verme enclaustrado en una fábrica, como en una cárcel, antes que mendigar aquello a lo que tengo derecho, he preferido sublevarmey combatir metro a metro a mis enemigos, haciendo la guerra a losricos, atacando sus bienes. Cierto, puedo concebir que ustedes habrían preferido que yo me sometiera a sus leyes, que, como obrero dócil y acobardado, hubiera creado riquezas a cambio de un salario irrisorioy, cuando mi cuerpo estuviese gastado y mi cerebro embrutecido, mehubiera ido a morir a una esquina de la calle. Entonces no mellamarían «bandido cínico», sino «honrado trabajador». Valiéndose dela adulación, ustedes me habrían otorgado incluso una medalla altrabajo. Los curas prometen un paraíso a sus estafados, ustedes sonmenos abstractos y por eso ofrecen un trozo de papel mojado. Lesagradezco mucho tanta bondad y tanta gratitud, señores. Prefiero serun cínico consciente de sus derechos que un autómata o una estatua.[...] Alexandre M. Jacob ha sido, hasta la fecha, uno de los máscélebres bandidos anarquistas de todos los tiempos. Sus peripeciasvitales han dejado necesariamente una poderosa huella: la red de «robo científico» que tejió junto a sus compañeros ha servido deinspiración en más de una ocasión a la literatura -los casos mássonados son Arsenio Lupin y El ladrón de Georges Darien-, y su actitud ha influido en la forma de actuar de diferentes generaciones derebeldes sociales desde entonces hasta nuestros días. Los textos queen este libro aparecen recogidos, escritos todos con posterioridad asu detención, nos dan una visión clara de la clase de hombre que era y de los motivos que impulsaban su actividad. Sus explicaciones, comosus actos, son de una claridad meridiana: nada mejor que sus propiaspalabras para apartar de nuestra vista la cortina de humo queconvierte la actividad de un hombre consecuente en un personajemitológico.