Edición de Nicanor Vélez. Prólogo de James Valender. La producciónpoética de Jaime Gil de Biedma es intensa y exigente. Agrupada en Laspersonas del verbo, se compone de versos directos y aparentementesencillos en los que subyace la complejidad técnica, el reto formal.El poeta barcelonés rescata la tradición lírica española e incorpora a poetas como Baudelaire, Auden y Eliot, integra «la música de laconversación», hace alusiones y transfigura refranes, además, crea una identidad poética para describir con distancia la experiencia decrisis personales («Contra Jaime Gil de Biedma»).Fruto del diálogo con la creación poética son, por un lado, Diario del artista en 1956, que escribió con el propósito de adiestrarse como prosista, y en el querelata -vital y laboralmente- su estancia en Manila como altodirectivo de la Compañía General de Tabacos, así como suconvalecencia, ese mismo año, por una enfermedad pulmonar, y por otro, El pie de la letra, sus brillantes ensayos sobre poesía, aunque nosólo de poesía, que van de Espronceda a Joan-Gil Albert, de Cernuda aGuillén o de Pound a Gabriel Ferrater.El volumen se cierra con unApéndice que recoge traducciones del Eduardo II de Marlowe, así comode poemas de Auden, Louis MacNeice, Stephen Spender y ·lex Susanna,entre otros, además de diversos ensayos, hasta hoy no reunidos enforma de libro, y más de una docena de entrevistas.Edición de Nicanor Vélez. Prólogo de James Valender. La producciónpoética de Jaime Gil de Biedma es intensa y exigente. Agrupada en Laspersonas del verbo, se compone de versos directos y aparentementesencillos en los que subyace la complejidad técnica, el reto formal.El poeta barcelonés rescata la tradición lírica española e incorpora a poetas como Baudelaire, Auden y Eliot, integra «la música de laconversación», hace alusiones y transfigura refranes, además, crea una identidad poética para describir con distancia la experiencia decrisis personales («Contra Jaime Gil de Biedma»).Fruto del diálogo con la creación poética son, por un lado, Diario del artista en 1956, que escribió con el propósito de adiestrarse como prosista, y en el querelata -vital y laboralmente- su estancia en Manila como altodirectivo de la Compañía General de Tabacos, así como suconvalecencia, ese mismo año, por una enfermedad pulmonar, y por otro, El pie de la letra, sus brillantes ensayos sobre poesía, aunque nosólo de poesía, que van de Espronceda a Joan-Gil Albert, de Cernuda aGuillén o de Pound a Gabriel Ferrater.El volumen se cierra con unApéndice que recoge traducciones del Eduardo II de Marlowe, así comode poemas de Auden, Louis MacNeice, Stephen Spender y ·lex Susanna,entre otros, además de diversos ensayos, hasta hoy no reunidos enforma de libro, y más de una docena de entrevistas.