Con Pisar cieno Rocío Hernández Triano mantiene una sabia miradacompasiva hacia el ser humano, a su frágil naturaleza de barro, que ya pudimos apreciar en su anterior libro Los seres quebradizos. Sinduda, el símbolo bíblico del limo originario de la estirpe humana seabre aquí significativamente hacia un dolor existencial del ser, susoledad ante el abismo y su (sin)sentido de orfandad. A este vacíotratan de dar respuesta los poemas de Pisar cieno o, al menos, aconstruir lingüísticamente un espacio estilizado y luminoso paraalojar la angustia de la pérdida. Estamos, pues, ante un libro dememoria, homenaje y elegía a los seres queridos del sujeto poético(padres y otros familiares), una elegía personal que, no obstante, seuniversaliza en la experiencia emocional de cada lector. Las trespartes que estructuran el poemario: «Libro de familia», «Carnet deidentidad» y «Otros documentos nacionales» son referencias queresponden a la acreditación del sujeto civil y simbolizan el tránsitode las tres edades del hombre: infancia, madurez y vejez. Aunque estepoemario es la expresión de una íntima verdad, de una memoriapersonal, no es menos cierto que en esa intrahistoria se muestratambién la memoria colectiva de nuestro país.