ROMERO GONZÁLEZ, JUAN / FARINÓS DASÍ, JOAQUÍN
El nuevo contexto globalizado supone formidables desafíos para losterritorios y sus gentes. Nada es igual que hace un cuarto de siglo.De las viejas «certezas» y «seguridades» hemos pasado a un brumosoinicio de milenio marcado por la incertidumbre y complejidad delpresente. Los territorios y sus gentes son más vulnerables a loscambios y a los riesgos. También tienen nuevas oportunidades. Y eneste nuevo contexto han de afrontarse diariamente nuevos, y enocasiones desconocidos, alejados o incontrolables desafíos quetrascienden, superan o desbordan nuestras realidades tradicionales que venían definidas por el marco de los Estados-nación.
Los propios Estados-nación, que tanta seguridad proporcionaron, almenos en esta región del planeta que ha sido capaz de construirsólidas generaciones de derechos civiles, políticos y sociales, estánahora inmersos en una profundo proceso de reestructuración. A laconsolidación de una realidad geopolítica supraestatal se añade laemergencia de nuevas realidades subestatales al amparo de procesos decesión o devolución de poder político. La emergencia del hechoregional y la creciente vinculación de las gentes a lugares,constituye una de las posibles respuestas a un proceso deglobalización que en todo caso ha venido para quedarse y sobre el quecabe únicamente incorporar nuevos procesos más democráticos paraconducir el proceso de otra manera. En cualquier caso, se han erigidoen nuevos actores políticos de primer orden a la hora de elaborar einstrumentar políticas públicas en el territorio.
El territorio, que ha recobrado todo su protagonismo, también esentendido de otra manera. Más rica y compleja. Ahora es mucho más quemero soporte físico o contenedor de actividades. Es el espacio dondese producen relaciones sociales y económicas generadoras de pautasespecíficas de equilibrio, desigualdad o marginación, dependiendo desu grado de conexión a redes más o menos globales. El territorio esentendido como recurso, como patrimonio, como paisaje cultural, comobien público, como espacio de solidaridad, como legadoà La propiacultura de los territorios es ahora entendida como factor decompetitividad de primer orden.
Se han abierto camino, en definitiva, nuevos valores y en losterritorios ùcada vez más homogeneizadosù hay nuevos actores. Comoconsecuencia, cambia la naturaleza de los conflictos y se modificanlas funciones. Pero, sobre todo, están cambiando las formas degobierno de territorio. El cambio social, la segmentación creciente,la emergencia de nuevos actores políticos, la mayor distribución delpoder de decisión obliga a gobernar de una forma más horizontal, másparticipada, más próxima, más atenta a los contextos específicos, másdemocrática en definitiva. Un nuevo reto para el espacio público,principal e insustituible responsable de impulsar políticas orientadas a mejorar la competitividad, a garantizar la cohesión social y avelar por una gestión más prudente del territorio.
Ahora, el espacio público viene obligado a hablar de subsidiariedad,de partenariado, de cooperación (vertical y horizontal, formal einformal), de políticas públicas que garanticen un desarrollo mássostenible, de la necesidad de superar enfoques sectoriales, dedesarrollo territorial, de enfoque estratégicoà Y en el caso de laEuropa unida ésta no es una cuestión fácil, porque existen diversastradiciones, culturas territoriales, contextos específicos y un muyvariado reparto del poder político entre niveles responsables dedesarrollar y evaluar políticas públicas con incidencia territorial.Algunas de estas cuestiones son analizadas en este texto por algunosde los mayores expertos europeos.