Por tierras de León y Castilla, en el marco geográfico y humano de laEspaña vaciada, pueden ocurrir historias reales o inventadas comola que aquí se cuenta. Transitan por ella escritores más o menos fallidos, arrieros que leen a Quevedo, mulas disecadas, pintorascolombianas, farmacéuticas feministas, estripers laboriosas, sindicalistas sufrientes, esquiladores uruguayos y amoresheterodoxos. Historias en las que, sobre el fondo trágico de unapandemia que se parece a las pestes medievales, hay sitio tambiénpara el humor, la ternura y la convicción de que esprecisamente aquí, en los territorios marginados por la desidia espesa del poder político, donde sobreviven todavía algunasesperanzas de reencontrarnos con hábitos y valores perdidos enlas tribus de los urbanitas. ¿Y qué pinta Raymond Quenau en todo esto? Eso se desvela al final.
Por tierras de León y Castilla, en el marco geográfico y humano de laEspaña vaciada, pueden ocurrir historias reales o inventadas comola que aquí se cuenta. Transitan por ella escritores más o menos fallidos, arrieros que leen a Quevedo, mulas disecadas, pintorascolombianas, farmacéuticas feministas, estripers laboriosas, sindicalistas sufrientes, esquiladores uruguayos y amoresheterodoxos. Historias en las que, sobre el fondo trágico de unapandemia que se parece a las pestes medievales, hay sitio tambiénpara el humor, la ternura y la convicción de que esprecisamente aquí, en los territorios marginados por la desidia espesa del poder político, donde sobreviven todavía algunasesperanzas de reencontrarnos con hábitos y valores perdidos enlas tribus de los urbanitas. ¿Y qué pinta Raymond Quenau en todo esto? Eso se desvela al final.