El mundo tiene ahora otro Odiseo. No en el Egeo, no en Dublintranscurren sus peripecias. No es griego. No es el Bloom irlandés. Esargentino. Y se llama, en realidad, Cordero. Cordero, el paródico.Navega de mar-gen a mar-gen las páginas de una revista (cultural) abordo de un bolígrafo con su capuchón: por el resquicio que le ofrecen los blancos, entre renglón y renglón tipográficos. O más bien: noscuenta, en espíritu, desde el ultramundo, cómo lo hizo: sorteandofotos, grandes y pequeños titulares. En fin, peripecias de ladiagramación. También, su final fracaso. Y aún quedarían susPalimpsestos por examinar, piezas sueltas que este volumen recoge yorganiza en el corpus general del relato. Pero hay otra voz. Y llegadesde aquella misma región. La vos de un nuevo Aniceto el Pollo cuyonombre real es Calaf. Calaf, el salvador. Su historia personal serelaciona con una ópera. Pero no se trata de la ópera de Fausto, deGounod, sino de Turandot, de Puccini. Cordero reflexiona, analiza.Calaf no se rinde y desafía lo imposible: es la fe ciega. Parte ycontraparte. Dos polos opuestos de un mismo ser (y hasta de laHumanidad, tal vez) aunque ambos coinciden cada uno a su modo enreivindicar el fracaso.