Con los obispos actuales habría que hacer lo mismo que con losforajidos del Oeste: declararlos fuera de la ley y exponer susfotografías con la leyenda «Se busca». La mayoría de sus declaraciones son actos perlocutivos, atentados, no sólo contra la racionalidad,sino, lo que es mucho más grave, contra el Estado de Derecho y elCódigo Penal. Y, por supuesto, contra la propia Constitución.Si el Gobierno fuese aplicado, y no un soplagaitas ante dichasmanifestaciones eclesiásticas, tendría que haber sentado hace tiempoen el banquillo de los acusados a Rouco Varela, Cañizares, Sebastián,Martínez Camino, García Gasco, Reig Tapia, Osorio, Álvarez, y toda lacofradía episcopal andante. Por atentar, un día sí y otro también,contra la Democracia, la Constitución, el Estado de Derecho y laHumanidad que no piensa ni siente como ellos. Y, sobre todo, rompertoda relación copulativa con dicha institución, en especial, la queestablece el anticonstitucional Concordato.No ha existido una institución más perfecta haciendo lo contrario delo que predica. La Iglesia hizo del crucifijo su fetiche particularelevándolo a categoría de símbolo excelso de la masacre realizada porlos fascistas en el 36, su Santa Cruzada particular. Aquellosfascistas, acuciados por la Iglesia, mataron en nombre de un Fetiche.Y algunos, como la derecha actual, siguen considerando que aquelgenocidio forma parte de los planes de la Providencia.Históricamente, la Iglesia se ha caracterizado más por lo que haodiado que por lo que ha amado. En contra de su fundador, se ha pasado toda la vida condenando a tres cuartas partes de la humanidad,especialmente a los ateos, a quienes ni siquiera considera humanos(Benedicto XVI dixit).