Bajo este título, de resonancias cioranescas, quizá el lector hapercibido un ?Panfleto contra el todo? de Fernando Savater. Si hahabido un autor «rebelde y escéptico frente a todo», por repetir laspalabras de Ángel Basanta, ese ha sido Pío Baroja.«En la escala de las criaturas solo el hombre puede inspirar un ascoperdurable», escribió Cioran en su ?Breviario de podredumbre?.Pío Baroja, menos grandilocuente hasta en eso, le hace decir a Roberto Hasting en ?La Busca?: «Qué pocas caras humanas hay entre loshombres! En estos miserables no se lee más que la suspicacia, laruindad, la mala intención, como en los ricos no se advierte más quela solemnidad, la gravedad, la pedantería. Es curioso, ¿verdad? Todoslos gatos tienen cara de gatos, todos los bueyes tienen cara debueyes, en cambio, la mayoría de los hombres no tienen cara dehombres» (pág. 499).Hay en esa frase de Roberto Hasting media docena de sustantivos quedefinen ese mundo cerril y estúpido que Baroja no podía soportar.A ellos habría que añadir el caciquismo, la brutalidad, los tópicoscasticistas. En ?Camino de perfección? leemos: «En el cuarto quele destinaron había colgadas en la pared una escopeta y una guitarra,encima, un cromo del Sagrado Corazón de Jesús?, símbolos de labrutalidad nacional» (pág. 341). Y si Cioran advirtió que la llamada?cultura? es un «fuego de artificio sobre un trasfondo de nada»,Baroja se burló de aquel abogaducho provinciano de ?El árbol de laciencia?, que, por haber «leído algunas revistas francesasreaccionarias, se creía en el centro del mundo», que «creía? queBalmes era un gran filósofo», y que, «a pesar de su barniz decultura», era «de una imbecilidad fundamental» (pág. 1599).