El narrador que nos habla en esta novela desde el estrado de uncongreso de escritores en Long Island nos cuenta que trabajó para larevista Esquire y, más tarde, fue editor en Knopf. Y lo hace delantede «personajes reales» como el escritor James Salter o el críticoDenis Donoghue. Pero ¿es verdad todo lo que se cuenta aquí o se tratade una ficción?
Concebida como un monólogo improvisado por un escritor y editorexcéntrico y misterioso llamado Gordon Lish, con sus libros y su sedde whisky a cuestas, Mi romance trata -más que de literatura yautores, más que de su ejercicio como famoso y controvertido editor,más incluso que de su psoriasis o sus ropas holgadas o sus posibles«romances» o su relación con el dinero- de la familia y de la vecindad de la muerte: dos de sus temas habituales. Y ambos son abordados enclave tanto de humor como de intriga, aunque en un sentido, digamos,beckettiano.
Estas páginas parecen tejidas, como ya señalara la críticanorteamericana, a partir de una madeja llena de nudos, y nos hablandel aparente desorden del mundo, su complejidad y su extrañeza. Peroal extender ese hilo sin desenredar del todo, el tejido queobtendremos, caótico en parte para algunos, será en todo idéntico amuchas vidas contemporáneas, un sudario perfecto incluso.
¿Caos o, más bien, pequeñas miserias? ¿Cinismo o, en realidad,verdades profundas? No estamos ante una novela «fácil», no, aunquequién dijo que la vida era fácil.