Decimos que vamos a hablar de educación y nos ponemos a hablar de laescuela. Es obvio, no obstante, que hay mucha educación sin escuela,así como que hay mucho aprendizaje sin educación. Apenas reflexionamos sobre hasta qué punto y con qué consecuencias se ha reducido elcontenido de la escuela a la enseñanza y su organización al aula. Lascholé griega clásica era una formación libre, muy lejos de lo queluego representarían la palmeta del maestro medieval o el aula de laera industrial. El aula encarna todo lo que en su día fue la escuelade la modernidad y hoy es una pesada carga decimonónica: lacategorización burocrática del alumnado, los objetivos y procesos detalla única, el aburrimiento de unos y la frustración de otros, lasrutinas que matan la creatividad, la soledad e impotencia del docente, el último reducto antitecnológico. Lejos de volver a proclamar lamuerte de la escuela, el autor plantea que el proble-ma no es esta,insustituible en nuestro tiempo tanto para el cuidado como para laeducación de la infancia y la adolescencia, sino su reducción a unconjunto de aulas apiladas. Por eso las mejores y más potentesiniciativas innovadoras rompen con el axula metodológica e inclusofísicamente, sustituyéndola por avances hacia la hiperaula,caracterizada por espacios más amplios, flexibles y libres, por lareorganización y porosidad de los tiempos, por la continuidad entrerealidad física y virtual, entre lo proximal y lo distal, entre laescuela y la comunidad, por la alternancia del trabajo en grupo, enequipo e individual, por la combinación de las disciplinas enproyectos, por la integración permanente de microequipos docentes enella. En este vídeo su autor nos lo explica: https://www.youtube.com/watch?v=-HO6-bVY9yo