Buena parte de esa complejidad humana en la que se funden el artista y la persona, se ofrece ahora al lector en este texto? escrito acorazón abierto, donde el autor se nos da plenamente. Por ello, no esfácil encasillar este texto en el ordinario esquema de los génerosliterarios. Tal vez se acomode en gran medida a lo que llamaríamos untexto autobiográfico, porque en efecto, gran parte de su apasionantevida ?la del artista pero no solo la del artista?, va aflorando a lolargo de sus páginas: su memoria de la niñez, sus amigos, susfamiliares ?incluso de aquellos que solo conoció por referencias, losque estuvieron en su vida sin haber estado?, sus aficiones taurinas ysu aprendizaje de la guitarra ?todo ello bajo el punzante ejemplopaterno?, la memoria del joven precozmente inserto en las cohortesnómadas de las compañías y los teatros, el acompañante de los másgrandes artistas flamencos de la segunda mitad del siglo XX y desdeahí hasta su inmersión en el mundo profundo de la música y el arte, su proyección internacional, su insobornable defensa de la autenticidaden la vida y en la profesión, y finalmente, su vida bajo las sombrasdel drama peor, aquel para que el que nada ni nadie nos prepara. Es,sí, un texto autobiográfico, pero es más que eso. Porque ManoloSanlúcar camina aquí constantemente desde lo particular a lo general,y así, desde su experiencia propia, desde su vivencia concreta, seeleva a reflexionar sobre alguna de las grandes cuestiones quealientan al alma de los hombres: el amor, en sus diversas acepciones,el miedo, la vida y la muerte, la trascendencia, Dios o los dioses, la miseria y la opulencia, la política y la ética, el lazo indeleble que en su vida se establece entre el padre ?cuya alma comparte?, y elhijo. Y naturalmente, la música y el flamenco y Andalucía y sucultura, como partes indisolublemente unidas a su propia alma, comoingredientes sin los cuales el propio Manolo Sanlúcar sería tambiéninexplicable.