Ramón J. Sender fue uno de aquellos viajeros: en 1933, invitado por la Internacional Comunista -Komintern-, visitó la URSS, un país quellevaba a cuestas un largo proceso revolucionario, iniciado en 1905,que no interrumpieron ni la catastrófica intervención rusa en la GranGuerra ni la sangrienta guerra civil. Tras la muerte de Lenin, Stalinasumiría en 1924 la jefatura del Estado y presidiría la hegemonía delPartido soviético sobre todos los partidos «hermanos» de otrasnaciones. Sender visitará y dará cuenta de la mayor obsesión delrégimen estalinista, la industrialización, que en pocos años consiguió duplicar la producción del carbón y triplicar la de acero. Pero elfaro de la humanidad también ocultaba sombras a las que Sender no fueajeno, dando noticias de los errores de planificación, las pésimascosechas, las requisas indiscriminadas de grano o la matanza de milesde ucranianos.