LOS OJOS DE LA MÁSCARA

LOS OJOS DE LA MÁSCARA

(ANTOLOGÍA POÉTICA)

$23.920
IVA incluido
Sujeto Disponibilidad de Proveedor
Editorial:
(084) RENACIMIENTO
Año de edición:
Temática
Poesia
ISBN:
978-84-8472-381-3
Páginas:
232
Encuadernación:
Rústica
Idioma:
Castellano
Peso:
228
Dimensiones:
170x120
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A la edad en que la mayoría de los poetas decide vivir de sushallazgos o piensan en retirarse a sus cuarteles de invierno, JoséJuan Tablada (México, 1871-1945) decidió quemar todas sus naves: seaproximaba a los cincuenta años cuando publicó en Caracas Un día...(1919). Nada, o casi nada, de ese pequeño gran libro se encuentraendeudado con la retórica gastada del modernismo ni con el japonismoornamental que atravesaban su obra anterior: la mañana, la tarde, elcrepúsculo y la noche de Un día... están descritos en una secuencia de poemas sintéticos, donde seres humildes y minúsculos cobran vida enla fugacidad de un brochazo. Como suele ocurrir, el libro fue recibido con entusiasmo por los jóvenes y con desconfianza por suscontemporáneos, quienes se alarmaron ante las novedades gráficas yexpresivas que les proponía el más joven de los poetas mexicanos, como lo definió para siempre Octavio Paz. Sin embargo, el poeta cívico alque parecía inquietarle el andar de las muchachas por la QuintaAvenida y la intromisión del automóvil en México asomaba tímidamentedetrás de esos poemas. Y esa fue su grandeza mayor. Tablada entendióque si quería "dibujarlo todo" como su maestro Okusai, debía dejar delado la grandilocuencia y el maximalismo expresivo para asumir uncamino en apariencia más modesto, pero más efectivo: el de laobservación de los detalles mínimos, el de la consagración delinstante. Como el peruano José María Eguren, Tablada estaba poseídopor una sensibilidad que le permitía darse el lujo de desvestir deretórica todo lo observado para volverlo a mirar con los ojos de lamáscara. Leer a Tablada a más de medio siglo de su muerte sigue siendo una gratísima y necesaria sorpresa. O una perturbación semejante a la que experimentaron los soldados zapatistas cuando ingresaron a sucasa en Coyoacán y se dieron con una biblioteca llena de librosorientales y un cuidado jardín japonés.