La prestigiosa periodista Cristina López Schlichting debutaespléndidamente en la novela con un libro lleno de humor, nostalgia yemoción, un conmovedor relato sobre la aventura de crecer en la España de los años 70.
Amelia está a punto de cumplir trece años y sumundo se reduce al pequeño piso donde reside con su familia, la clasede EGB del colegio de monjas y el descampado donde observa fascinadacómo los chicos mayores juegan a las chapas. Apenas sabe nada deFranco que es un señor muy viejo que manda en España y que, al parecer, está muriéndose. No es consciente de que la sociedad en la que viveestá cambiando a pasos agigantados. Bastante tiene con observar laspequeñas alegrías y tristezas de sus vecinos del barrio. Y con su amor secreto por Chema, el hijo de Filo, la panadera. O sus problemas deconciencia por disfrutar de la muñeca de moda, la Nancy, cuando lospadres de su mejor amiga, Maru, no tienen recursos para comprársela.
Mientras los días modernos comienzan a trastocar el rígido orden establecido, Amelia traza un plan para hacerse con el dineronecesario y comprar la muñeca a Maru: recoger trapos y cartones yvendérselos a los gitanos. Este paso la pondrá en contacto con nuevasamistades, peligros y flirteos. Un misterio trastocará su vida y seráel comienzo de su educación social y sentimental, que la llevará adescubrir el mundo adulto, el amor, la injusticia, la solidaridad y el perdón.
Los días modernos, debut de Cristina López Schlichting enla esfera literaria, es una espléndida historia sobre el despertar ala vida adulta de una niña y de un país.
«Para los niños de migeneración nuestra guerra quedaba inmensamente lejos, enterrada entregasas sintéticas y tergales, ni siquiera sabíamos muy bien qué habíapasado nadie nos hablaba de eso. La infancia se convirtió en la esperade sorpresas polícromas, de tacto sorprendente y brillo rotundo:electrodomésticos, tejidos de nombre espacial, objetos cotidianosreinventados con materiales deslumbrantes. En la noche nacieron losneones, en las carreteras, los carteles publicitarios, en las carpetas del cole, las pegatinas. Saltamos de la niñez angosta de nuestrospadres al paraíso del Cinexín, las construcciones, los muñecosarticulados. El ecosistema se pobló de substancias hermosas: ceras,plastilinas, gomaespumas, fibras. El plástico pintó de luz la vida, el plástico dio forma y color a nuestro párvulo jardín de girasoles deplástico que hablaban».
Cristina López Schlichting