«¿Cómo empezaste a escribir?», le pregunta un joven periodista a unconocido poeta. Esta inocente pregunta despertará en él los recuerdosjuveniles más íntimos: le traerá a la memoria la etapa escolar ,en laque vivía fascinado por la figura del poeta Francisco de Quevedo,deslumbrado por el ingenio de sus poemas satíricos, en los queridiculizaba a medio mundo, y cómo, influido por sus lecturasquevedescas, se convirtió, a escondidas, en autor anónimo de versos en los que se burlaba sin piedad de sus profesores y compañeros declase.