La existencia no es algo que el arte justifique, sino que antes bienla obra hace existir la justificación misma. Nada existe, sino elcuadro. La apariencia bella dura un instante, brilla y desaparece. Deallí el nerviosismo apresurado, ansioso, de la mano del pintor, aligual que el tic desesperado que le hace levantar la vista para mirara su modelo y volver a bajarla sobre lo que traza en la tela, ylevantar los ojos de nuevo, como si no pudiera creer en lo que estápintando, como si lo que parece vivo no apareciera sino en la formafija, detenida y muerta del cuadro. Todo cuadro es falso en subúsqueda de la verdad, salvo el absoluto, la obra maestra nunca vistaque contiene a una mujer viva, no lo que aparentaba ser.