A través de la mirada de la diosa Parvati, consorte mágica del diosShiva, Ramiro Calle vuelve a sumergirnos en nuevos paisajes recónditos hasta surcar las arterias de la India y descubrir maravillososnarradores de cuentos, dulces barberos o sencillos floristas bajo unaestela de ensoñaciones.En La mirada de Parvati, el mundo de fábula y encantamiento sedifumina con la crudeza de algunos relatos, y la belleza o bondad deMahendra, el guarda forestal, o del viejo profesor de matemáticas,Sharma, contrasta con la hipocresía extrema del respetable señor Rebba o la avaricia de Masjid el usurero.Una treintena de cuentos que ansía mostrar el amor incondicional, lapasión prohibida o el coraje y el valor de personajes que malviven enla soledad o la miseria y que se conforman con divisar honestidad ycierta alegría en su entorno.Son éstas historias maravillosas que, a través del calidoscopio denuestro más brillante pensador orientalista, proyectan una dulzura yuna serenidad que sólo Ramiro Calle sabe generar a partir de su visión precisa, y rebosante de ternura, del país de Gandhi.
A través de la mirada de la diosa Parvati, consorte mágica del diosShiva, Ramiro Calle vuelve a sumergirnos en nuevos paisajes recónditos hasta surcar las arterias de la India y descubrir maravillososnarradores de cuentos, dulces barberos o sencillos floristas bajo unaestela de ensoñaciones.En La mirada de Parvati, el mundo de fábula y encantamiento sedifumina con la crudeza de algunos relatos, y la belleza o bondad deMahendra, el guarda forestal, o del viejo profesor de matemáticas,Sharma, contrasta con la hipocresía extrema del respetable señor Rebba o la avaricia de Masjid el usurero.Una treintena de cuentos que ansía mostrar el amor incondicional, lapasión prohibida o el coraje y el valor de personajes que malviven enla soledad o la miseria y que se conforman con divisar honestidad ycierta alegría en su entorno.Son éstas historias maravillosas que, a través del calidoscopio denuestro más brillante pensador orientalista, proyectan una dulzura yuna serenidad que sólo Ramiro Calle sabe generar a partir de su visión precisa, y rebosante de ternura, del país de Gandhi.