LA MELODÍA DEL TIEMPO

LA MELODÍA DEL TIEMPO

$22.046
IVA incluido
Sujeto a Disponibilidad de Proveedor
Editorial:
DEBOLSILLO
ISBN:
978-84-663-5434-9
Encuadernación:
Rústica
Idioma:
Castellano
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La primera novela de José Luis Perales narra la historia de un pueblocastellano a lo largo de tres generaciones. Un homenaje a la vida delcampo a través de una novela coral sobre el amor, las raíces y lasrelaciones entre padres e hijos. El Castro es un pueblo tradicional de Castilla que, durante mucho tiempo, se ha resistido a caer en elolvido. Los habitantes han soñado, vivido y amado por sus calles detierra, a la sombre de los olmos centenarios, frente a la viejaiglesia de San Nicolás o en el mirador alto que da al río. Pero,aunque los años pasan y los más antiguos del lugar ven cómo susdescendientes abandonan las casas que les vieron nacer, siempre hayalguien que regresa para hacer frente a la nostalgia y recordar cadauna de sus historias. Como el primer amor de Evaristo Salinas, elrelojero sordomudo, o el largo viaje de Victorino Cabañas en globoaerostático, o la pasión de Claudio Pedraza truncada por el estallidode la guerra, o la belleza legendaria de la gitana Cíngara y su localexcavado en una cueva... Historias que son también el relato del siglo XX en España con El Castro como testigo y protagonista principal deun libro que llegará al corazón de los lectores. Llegaron al mirador.Tomaron asiento en un banco de piedra bajo el olmo centenario quedesde el principio del mundo estaba plantado allí. -Al menos -dijoJuan Luna- eso es lo que los viejos nos contaban a los chicos cuandoéramos niños. -En verdad -contestó José Pedraza-, nunca se entenderíael mirador sin este olmo. Testigo de mil historias contadas o vividasbajo su sombra en verano, o como paraguas protector de la lluvia enlos días oscuros y fríos del invierno. Cuántas escenas de amor habrácontemplado. Cuántos besos. Cuántos abrazos de adolescentes antes deque se encendieran las luces de las calles al anochecer, hora dellevar a las chicas a casa. -Y cuántas despedidas -apostilló JuanLuna-. Aunque el más hermoso del pueblo era el olmo de la plaza. Allíse situaban discretamente las madres, el día de la fiesta, paraobservar con quién y cómo bailaban sus hijas. -O el olmo de la plazade la iglesia -dijo José Pedraza-. Donde, a su sombra, las mujerestejían la lana, cosían o remendaban los pantalones, y daban la vueltaa los cuellos de las camisas de sus hijos para devolverles el aspectode nuevas, o hacían encaje de bolillos a tal velocidad que no se lesveían las manos, y zurcían sus medias con un huevo de madera,¿recuerdas Una obra llena de sensibilidad, escrita con talento,emoción y ternura.

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