Es un monólogo del último habitante de un pueblo abandonado delPirineo aragonés. Entre «la lluvia amarilla» de las hojas de otoño que se equipara al fluir del tiempo y la memoria, o en la blancuraalucinante de la nieve, la voz del narrador, que está a las puertas de la muerte, nos evoca a otros habitantes ya desaparecidos y nosenfrenta a los extravíos de su mente y a las discontinuidades de supercepción en el pueblo fantasma del que se ha adueñado la soledad.