Los más recientes acontecimientos internacionales -el desarrollo de la guerra de Irak, las crecientes turbulencias de la guerra deAfganistán, la eclosión de la guerra del Líbano y el drama permanentede Kosovo- no hacen sino confirmar las tesis principales sostenidas en este libro.
Se ha confirmado, en primer lugar, la tesis de que sólo las guerrasperdidas son consideradas crímenes internacionales, mientras que lasguerras ganadas, aunque se trate de guerras de agresión que comportanuna clara violación del derecho internacional, no están sometidas areglas y los vencedores no sufren ninguna sanción política o jurídica. En segundo lugar, parece también confirmada la idea, que da título al libro, según la cual la justicia internacional -incluida la justiciapenal internacional- sigue la voluntad y sirve a los intereses de lasgrandes potencias, que son tales sobre todo gracias a su enormesuperioridad militar. A ello se une la impotencia normativa yreguladora de las Naciones Unidas, relegadas a desempeñar una funciónlegitimadora, acomodaticia y apologética del statu quo impuesto porlas grandes potencias.
Existe, por tanto, una «justicia de los vencedores», que se aplica alos derrotados y oprimidos, con la connivencia de las institucionesinternacionales, el silencio de gran parte de los juristas académicosy la complicidad de los medios de comunicación.