Londres, 25 de mayo de 1537
Cuando se anuncia una muerte en la hoguera, las tabernas de losalrededores de Smithfield encargan barricas de cerveza adicionales,pero cuando quien va a morir en la hoguera es una mujer y además denoble cuna, llegan carros de cerveza. Yo viajaba en uno de esos carros el viernes de la semana de Pentecostés, en el vigésimo octavo año del reinado de Enrique VIII, para ofrecer plegarias por el alma de latraidora condenada a morir: lady Margaret Bulmer.
Cuando la joven novicia Joanna Stafford, hija de la primera dama de la reina Catalina de Aragón, se entera de que su querida prima Margaretva a ser ejecutada públicamente en la hoguera, rompe el voto declausura y se escapa del monasterio del priorato de Dartford. Sinembargo es detenida junto con su padre, sir Richard Stafford, tambiénpresente en la ejecución, y acusados ambos de intentar sabotearla, son encerrados en la Torre de Londres. El padre de Joanna sufre atrocestorturas mientras la novicia es tratada con amabilidad y respeto, pero su trato privilegiado se debe al interés que sus dotes intelectualessuscitan en el arzobispo de Winchester. La novicia tendrá que realizar un importante encargo: buscar una misteriosa reliquia portadora deenormes poderes, la corona del primitivo rey de la cristiandadAthelstan, hecha con las espinas de la corona de Cristo. Laresponsabilidad del cierre de los monasterios de Inglaterra y la vidade su padre están ahora en las manos de Joanna,