LA CIUDAD SECRETA

LA CIUDAD SECRETA

$28.383
IVA incluido
Sujeto Disponibilidad de Proveedor
Editorial:
ALTERA (IBD)
Año de edición:
Temática
Novela historica
ISBN:
978-84-16405-42-8
Páginas:
194
Encuadernación:
Rústica
Idioma:
Castellano
Dimensiones:
210x150
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Erase una ciudad lejana, tan distante que no se apreciaba con lavista, ni se palpaba con los dedos, ni tan siquiera se alcanzabaadquiriendo un pasaje por muchas monedas de oro depositadas por el más afamado gobernador. Tan sólo con la fe, eran bienvenidos algunosprivilegiados. La ciudad secreta no tenía palacios enormes, niguerreros, ni fábricas, ni mercaderes afanosos. Era diferente y cadaprivilegiado la construía a su fantasía, colocando las piezas según un propósito. No había normas: era un juego de adiestramiento, pero sialgún fragmento era erróneo dejabas de ser privilegiado. Azriel fuetestigo de la muerte de su padre, un ilustre escriba hebreo apocado alos designios del gobernador romano como otros cientos que yacíanesparcidos por las calles de Masada y Judea a manos de los sirios.Sedientos de conquistas espirituales y con el pretexto del impago deimpuestos especiales sobre los judíos, los soldados sirios al servicio de los romanos asolaron, mataron y quemaron sus aldeas sin piedad.Antes de quedar exánime a su lado, su padre le encomendó un últimomensaje «reconstruye la dignidad de tu ciudad secreta».

Erase una ciudad lejana, tan distante que no se apreciaba con lavista, ni se palpaba con los dedos, ni tan siquiera se alcanzabaadquiriendo un pasaje por muchas monedas de oro depositadas por el más afamado gobernador. Tan sólo con la fe, eran bienvenidos algunosprivilegiados. La ciudad secreta no tenía palacios enormes, niguerreros, ni fábricas, ni mercaderes afanosos. Era diferente y cadaprivilegiado la construía a su fantasía, colocando las piezas según un propósito. No había normas: era un juego de adiestramiento, pero sialgún fragmento era erróneo dejabas de ser privilegiado. Azriel fuetestigo de la muerte de su padre, un ilustre escriba hebreo apocado alos designios del gobernador romano como otros cientos que yacíanesparcidos por las calles de Masada y Judea a manos de los sirios.Sedientos de conquistas espirituales y con el pretexto del impago deimpuestos especiales sobre los judíos, los soldados sirios al servicio de los romanos asolaron, mataron y quemaron sus aldeas sin piedad.Antes de quedar exánime a su lado, su padre le encomendó un últimomensaje «reconstruye la dignidad de tu ciudad secreta».