Este libro no es una biografía de Franco. Tampoco es una Historia desu régimen. De una cosa y de otra hay abundantes y señeros ejemplos en cualquier biblioteca. Este libro es otra cosa: es un ensayo deinterpretación, es un intento por entender qué significó el régimen de Franco y cuál debe ser su auténtico lugar en la Historia de España.¿Y por qué ensayar una interpretación del franquismo a estas alturas?Precisamente porque estamos a estas alturas, es decir, muy lejos ya de los tiempos en que el franquismo tuvo vigencia.Ser franquista, hoy, es un puro ejercicio de vacío. El de Franco fueun régimen excepcional, nacido de circunstancias excepcionales y quehubiera sido imposible fuera de esas condiciones de excepción. Portanto, ser franquista en condiciones distintas a aquellas no tienesentido. Pero, por las mismas razones, ser hoy antifranquista no esmucho más sensato. Franco murió en 1975, después de largos años degobierno, y sin que su régimen tuviera que hacer frente a demasiadasresistencias interiores. Puede entenderse que hubiera antifranquistascuando Franco gobernó, y sin duda es legítimo elogiar a los quesacrificaron su vida por sus ideales. Pero casi cuarenta años despuésde muerto Franco, ¿qué sentido tiene ser antifranquista?Sin embargo, el sistema de poder vigente en España desde 1978 ha hecho del antifranquismo uno de sus rasgos centrales. Se hable de lo que se hable, el discurso oficial insiste una y otra vez en definirse poroposición al franquismo. Si la mayoría de los españoles son católicos, es por culpa del franquismo, nos dice la izquierda, si los derechoslaborales de los trabajadores son abusivos, es por culpa delfranquismo, nos dice la derecha, sentirse español es franquista, nosdicen los separatistas, y si hay separatismo es por culpa delfranquismo, nos dicen los cantores de la España una-y-constitucional.¿Cuántas veces no habremos oído esto? Y sin embargo, ¿es sensatoseguir culpando a Franco de todos nuestros males casi cuarenta añosdespués de muerto el dictador y su régimen?